Aula Records presentó su tercera producción con textos de Raúl Zurita

El encargo era componer una obra que evidenciara la capacidad que tiene la música de educar y hacer memoria histórica. El director Sebastián Camaño llamó para la tarea al compositor Tomás Brantmayer, quien escribiría una pieza especial para la Orquesta Clásica Usach, y que sería estrenada en octubre de 2018 dentro del programa de Conciertos Educativos, dirigida a estudiantes de colegio. El resultado fue “El país de sed”, un collage musical inspirado en la obra de Beethoven y con textos del poeta Raúl Zurita – interpretados por el tenor Francisco Huerta-, sobre la represión que el propio autor de “Anteparaíso” sufrió cuando fue detenido por agentes del Estado en 1974.

“El desafío era presentar esta obra ante una audiencia escolar y se cumplió bien. El repertorio incluyó obras de Brahms, de Beethoven, pero fue la obra de Brantmayer la que más le gustó a los jóvenes”, cuenta Sebastián Camaño, director invitado en esa ocasión. Un año después, “El país de sed” vuelve convertida en una producción discográfica, la tercera del catálogo de Aula Records, el primer sello de la U. de Santiago, que fue presentado el pasado sábado 23 de noviembre, en una de las habituales sesiones Open BYM Studio del sello chileno Blow Your Mind Records por la periodista Marisol García, el director orquestal y el autor de la obra, además de Andrés Zúñiga, director de Aula Records y Danila Ilabaca, artista a cargo del diseño de la portada.

Foto: Gary Go.

En su lado A, el álbum abre con la voz del propio Zurita, recitando versos de “Escucha entonces, pendejo”, poema que inspira la obra principal del disco, “El país de sed”; mientras su lado B contiene la obertura de “Egmont” de Beethoven, complementado con los testimonios de Guillermo Orrego, ex preso político del Campo de Concentración Chacabuco. La producción estará disponible en formato vinilo -con una serie limitada de 40 copias-, CD’s y en plataformas streaming como Spotify, Deezer, Apple Music,
YouTube, entre otros.

La pieza, concebida como testimonio del Chile en dictadura, cobra ahora una nueva resonancia en medio del estallido social. “Es una pieza contingente y atingente a la violencia que estamos viendo en las calles hoy y eso nos hace reflexionar de nuevo sobre la frágil memoria de Chile”, reflexiona Camaño. “No hay una pretensión de Tomás de imponer su
estilo, él se pone al servicio del mensaje y por eso el resultado es tan potente, porque conviven muy bien las citas a Beethoven, con el himno nacional y los textos de Zurita, el aporte artístico y político es súper valioso”, agrega.

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