Resucitaron la fábrica de vinilos de su padre para convertirla en la principal planta del cono sur

«Laser Disc» produce actualmente 800.000 discos de vinilo por año en su propia fábrica y la cifra va en aumento. Reportaje de Carola Birgin para diario La Nación, Argentina.

Que de la unión entre un contador proveniente de la extinta industria del casete y el dueño de una empresa líder en el segmento agonizante de la fabricación de discos haya surgido en los 90 una compañía argentina pionera en la fabricación de CD no parece muy extraño. Lo que resulta asombroso es que la firma creada por estos dos hombres de negocios, después de 30 años y ahora en manos de sus hijos, se haya transformado en la principal plataforma para la resurrección de los discos de vinilo en la región del Cono Sur. Y todos made in Argentina.

Lionel Rodríguez y Marisol Urueña no son unos nostálgicos de espíritu retro que se propusieron salvarles la vida al tocadiscos y a las púas: son empresarios que vieron una veta en la revalorización de los soportes vintage y todo indica que acertaron. Laser Disc produce actualmente 800.000 discos de vinilo por año en su propia fábrica y la cifra va en aumento.

La fábrica renovada de vinilos abrió en 2017, en el barrio Mataderos.
Fuente: Archivo La Nación.

Algo impensable para Roberto Rodríguez cuando, en 1991 y tras un par de años de dar batalla, bajó la persiana de su negocio -Industria Plástica Juramento- para enfocarse de lleno en la innovación: la tecnología láser aplicada a discos con una altísima resolución de sonido. Tuvo que desmantelar la fábrica que había llegado a producir 5 millones anuales de vinilos: nada hacía sospechar que, unas décadas más tarde del cierre, su hijo se embarcaría en la aventura de rearmarla. «Cuando le contamos, mi viejo no entendía nada», ríe Lionel. «Se había desprendido de sus prensas automáticas, de todas las cosas; hasta había pagado para que alguien se las llevara del galpón, y ahora nosotros queríamos recuperarlas».

Había que actuar antes de que fuera demasiado tarde para evitar tropezar dos veces. Estaba claro en 2012 que la venta de compacts estaba disminuyendo tanto que podía quedar aplastada completamente por el streaming. Mientras que los discos de láser vírgenes mantenían su posición, los de música se estaban viendo vencidos por el consumo gratuito de música en internet, y tanto los equipos de música como las computadoras empezaron a dejar de tener lectoras de CD.

Para anticiparse, cualquiera podría haber buscado la solución en el futuro. Marisol y Lionel, en cambio, miraron hacia atrás y le pusieron todas las fichas al disco de vinilo, convencidos de que había un nicho para este producto retro y hípster.

El Grupo Laser Disc, con fuertísima presencia en Chile y algo más pequeña en su originaria Argentina, empezó tímidamente a introducirse en los vinilos, hasta que en 2015 ubicó 100.000 copias en el mercado chileno. El tema es que los discos también eran importados: llegaban de Europa. Y fue en ese momento cuando surgió la idea de reflotar la vieja fábrica. Así que es gracias a la actividad alcanzada en el país vecino que hoy Argentina fabrica discos de vinilo para todo el continente.

La renovada fábrica abrió en 2017 y, desde entonces, está ubicada en el barrio porteño de Mataderos. El plan de reactivación no fue sencillo. Hubo que convocar a personas que antaño habían ejercido el oficio y el proceso de equiparla se hizo cuesta arriba. La tecnología de producción no había evolucionado en lo más mínimo, y era necesario recuperar las máquinas que se habían usado hasta los 90. Había que salir a buscarlas. «Intentamos rastrear las originales y teníamos una sola pista», cuenta Lionel. «Mi padre solo se acordaba de que se las había llevado un uruguayo que quería adaptarlas para hacer suelas de zapatos». Como no lograron dar con él, tuvieron que comprar otras prensas.

Con la máquina de corte de acetato fue diferente porque existía un solo ejemplar en todo el continente, y estaba olvidado -en desuso- en los legendarios estudio ION, ese lugar donde grabaron sus discos Roberto Goyeneche y Tita Merello, entre tantos otros. «Allá fuimos y se la compramos por US$5000 al señor Acevedo», recuerda. «Nos la trajimos desarmada y un ingeniero japonés trabajó durante ocho meses para volver a construirla».

Así, la devolvieron a la vida y la pusieron a funcionar otra vez: a hacer líneas con su piedra preciosa para escribir sobre el PVC la matriz de surcos espiralados sobre los que, con el desliz de la púa, se producirá la magia. Es decir, el sonido. Junto con los antiguos operarios se recuperó también lo más artesanal del proceso. «Porque al disco hay que escucharlo. Cada 300 unidades que se fabrican, se saca una de la línea y se escucha», explica. Una oreja, una persona. Como en los viejos tiempos.

Con esta maquinaria, Laser Disc ganó un lugar exclusivo en el mercado de América Latina: «Somos la única compañía que hace completo el proceso de fabricación de discos de vinilo de 180 gramos», explica Juan Pablo Maidana, gerente comercial. «Creamos una cadena integral, capaz de abarcar desde el punto inicial de la producción, la matriz, hasta la venta. Y pasamos por cada una de las etapas intermedias».

Desde Madonna hasta David Bowie; Fito Páez, Andrés Calamaro y también Coldplay: el menú de artistas es amplio. En 2019, solo en el país, se vendieron 100.000 ejemplares -todos fabricados en Argentina- y para 2020 la proyección es llegar a 300.000, que se suman a los 500.000 que se consumen del otro lado de la Cordillera, donde llevan más de seis años de crecimiento sostenido. «Chile es un mercado menos reticente que el nuestro», detalla Marisol Urueña, quien está a cargo de la dirección financiera. «Apuntamos a que nuestro país siga el mismo camino».

Pero la producción de vinilos no es lo único. Lo que empezó en 1989 como fabricación de CD -llegaron a producir 40 millones de unidades por año- se expandió hacia la generación de contenidos con un sello discográfico (Plaza Independencia) y el desarrollo de puntos de venta propios y estrategias de distribución masiva. Que los supermercados, en Chile, incorporaran bateas con vinilos fue crucial para la estrategia. Eso, claro, sumado a un ajuste de precios para abaratarlos sin restar calidad, fue lo que logró darle masividad a un consumo que permanecía catalogado como muy exclusivo. «El vinilo es un producto aspiracional, estamos en la instancia de hacerlo masivo en Argentina. Los discos habitualmente rondan los $2000, $3000 y ahora buscamos caminos más accesibles, para llevarlos a un valor de $1000 y que puedan ser coleccionables», explica juan Pablo Maidana.

El liderazgo en la fabricación de soportes físicos para la música -en plena era del streaming y de la distribución gratuita de música- empujó a ir por más en esa dirección y hoy también comercializan parlantes, tocadiscos, auriculares y otros accesorios. Están asociados con firmas como Crosley, Oster y Warner Music. Además de seguir firmes al pie del cañón con lo que queda de negocio de discos láser: «Por más que bajen las ventas del CD y llegue un momento en que ya no se produzcan más, las máquinas para fabricarlos las vamos a cuidar y conservar siempre. Por las dudas, ya aprendimos que uno nunca sabe lo que puede llegar a pasar. Quizá se van y un día vuelven.», proyecta Lionel.

Fuente: lanacion.com.ar
Texto: Carola Birgin
Título original: «Vinilos. Recuperaron una empresa familiar y hoy fabrican 800 mil al año»

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