Canción Animal: El disco detrás de la caída y resurrección de Baltazar Vinyl

El azar es un concepto que comúnmente se emplea para hacer referencia a la casualidad, a la fortuna o la suerte –sea buena o mala-. Para el caso de la disquería Baltazar Vinyl, el azar no solo se cuela literalmente en su nombre y con todas sus letras, sino que se aplica con todo en un intento por explicar cómo un joven futbolista, promesa del River Plate en las divisiones menores del club trasandino, terminó por traspasar toda esa pasión futbolera a la música, convirtiéndose en dueño de un local de discos de vinilo y al otro lado de Los Andes.

La reciente evolución del mercado de los discos antiguos -como les llaman algunos aún-, está marcada por un hito conocido y acuñado en todo mundo como “el boom del vinilo”, y se refiere al retorno del interés masivo de los consumidores por el viejo y clásico soporte físico de doce pulgadas. Si bien no existe consenso del año en que este fenómeno se afianzó en nuestro país, para Baltazar Hernández Castañeda está claro que fue entre 2010 y 2011, época en que aparecieron las primeras ferias como los Súper Domingo de Vinilos que organizaba el bar Santo Remedio de Providencia.

“Comencé a asistir a estas ferias, y confieso que lo hacía sin tener mucha idea de discos. Me terminé por enamorar muy rápido de todo ese ambiente, donde más que pasión por los discos, lo que veías pasión por la música, y era asombroso”.

Ese asombro por estos nuevos espacios de encuentro en torno a la música y los vinilos terminó por darle un cambio de rumbo a este entusiasta argentino de 42 años, que por entonces llevaba poco más de 15 residiendo en Chile. No por cierto, sin una cuota de azar.

El primer tropiezo que lo llevó de cabeza a este maravilloso inframundo de los surcos, fue cuando le ofrecieron un conjunto de cajas arrumbadas en una bodega con más de 500 discos de música clásica. Baltazar no dudó en comprar todo el lote. Así, la música docta no sólo le significó el ticket de ingreso que él tanto anhelaba para convertirse en expositor y flamante participante de estas ferias, sino que al poco andar comenzó a organizarlas.

Pese a que reconoce no haber ganado mucha plata vendiendo vinilos de Mozart y Beethoven, sí comenzó a hacerse clientes de manera exponencial, lo que lo motivó a ampliar su catálogo a otros géneros que los propios clientes le fueron sugiriendo, principalmente rock. Así, su negocio tomó además un nombre, que fue el que casualmente decidió para su perfil de Facebook que en un comienzo lo había creado para su hijo que estaba por nacer. De esta forma, “Bebé lindo” se convirtió en “Baltazar Vinyl”, red social que a la fecha ostenta la no despreciable comunidad de 19 mil seguidores. La fortuna había golpeado la puerta.

“Acá muere todo”

Baltazar llegó a Chile en 1994, cuando las botellas de bebida eran todas de vidrio, recuerda entre risas. Proveniente de Viedma, su ciudad natal y capital de la provincia de Río Negro que se ubica en el sector nordeste de la Patagonia argentina, mantenía un trabajo estable en empresas Sodexo antes de atreverse a dar el salto y convertirse en su propio jefe de este emprendimiento paralelo. Su capital de ahorro por entonces en tanto no era otro que su Suzuki Gran Nomade año 2010 y que Baltazar utilizaba casi exclusivamente para transportar los discos de feria en feria. Pronto le serviría también para trasladar a su futuro hijo a la sala cuna.

Todo iba sobre ruedas hasta que el azar volvió a aparecer, pero esta vez vestido de tragedia. Y lo hizo en 2013 con el robo de su preciado SUV 2.4 cuando Baltazar venía camino a Santiago tras una exitosa feria que organizó en La Serena junto a su pareja Zaida, madre del pequeño Juan Sebastián. Fue en ese lamentable trayecto que sintió haberlo perdido todo. De hecho, así fue.

Lo único que tenía claro hasta ese minuto era que las ventas por Internet eran lo suyo. Ya no sólo transaba discos de música clásica en las ferias de discos y por Facebook, sino que paralelamente comenzaron a encargarle otro tipo de música, solicitándole discos que Baltazar fue consiguiendo para así satisfacer la demanda de una clientela que iba en aumento. De paso, reconoce, le sirvió en lo personal para abrirse a otros estilos musicales que no había escuchado siquiera, con álbumes clásicos y también de bandas modernas, desde Led Zeppelin hasta Imagine Dragons, pasando por  Tool, Alice in Chains, Deftones, entre muchísimas más.

Después del trabajo, Baltazar dice que corría para hacer las entregas en estaciones de Metro, todo gracias a su fanpage. Sin embargo, el trágico robo del auto le había significado también la pérdida de toda su inversión musical y que estaba traducida en un total de 200 discos que viajaban con él en su malogrado Suzuki.

Para un vendedor responsable como Baltazar -la responsabilidad es una de las cualidades que cualquiera de sus clientes daría fe, además de su carisma excepcional-, cuando un disco es pagado y pendiente de entrega, el cerrar la venta es un acto sagrado. Gracias a esta regla de oro, Baltazar, sin buscarlo ni menos imaginarlo, fue llamando nuevamente la buena fortuna en momentos en que sentía estar sumergido en lo más profundo de un hoyo oscuro y sin salida próxima.

Porque el colmo de esta última jugarreta del azar era que Baltazar tenía pendiente cerrar un par de ventas a su regreso en Santiago, con discos que habían sido ya pagados previamente por sus respectivos clientes, pero que desaparecieron con el robo del auto. Pero para este obstinado vendedor de discos usados, no cabía otra posibilidad que volver a conseguir a cómo diera lugar aquellos discos para cumplir con su compromiso de venta.

Acá muere todo, se dijo en su minuto. Pero la iniciativa de seguir adelante con su modelo de negocio de discos no nació de sí mismo -y vaya que de negocio no quedaba ni existía absolutamente nada-. Más bien había surgido de los clientes, sus fieles clientes. “No sé cómo pasó que los clientes empezaron a pedir cada vez más discos, y de la nada comenzaron a aparecer otros nuevos clientes también. Fue una locura, pero empecé no más sobre la marcha a comprar los pedidos que me hacían, disco por disco, de manera que todo lo que entraba lo fui reinvirtiendo”.

El local principal de la tienda, cuyo stock supera los 5 mil títulos entre discos nuevos y usados.

Hoy son los clientes los que llegan hasta Baltazar, y lo hacen dirigiéndose hasta la tienda que ya hace más de 5 años dejó de ser virtual para ubicarse en la Galería Véneto, tradicional epicentro de las librerías de segunda mano de Providencia y que se encuentra a pasos de la estación de Metro Manuel Montt. Allí, todas las personas que llegan a la disquería parecen ser amigas del dueño de local.

Baltazar comenta que los clientes se emocionaron cuando fueron enterándose que se abriría este local físico, y desde entonces visitan la tienda Baltazar Vinyl para conversar de música, grupos, álbumes, conciertos, en fin, de la vida. Y son todos bienvenidos y bienvenidas, aunque no se lleven necesariamente un disco bajo el brazo:

“Me da lo mismo si vienen y compran uno o varios discos. Pero si vienen a conversar de música, las puertas están siempre abiertas. Es que los clientes tienen súper claro que la tienda es de ellos, porque es gracias a ellos que se hizo posible todo esto, así que se sienten dueños de la disquería; vienen,  colocan la aguja, prueban un disco y eso merece un respeto tal que es impagable”.

Uno de los discos que Baltazar tuvo que recuperar para poder cerrar la venta con el cliente, fue Canción Animal de Soda Stereo, un vinilo ciertamente tan solicitado como escaso y difícil de conseguir. Pero lejos de convertirse en la muerte de Baltazar Vinyl, ese par de discos -junto con el Alice in Chains Unplugged- se transformaron hoy en dos tiendas con un stock de más de 5 mil discos de vinilo. “Y sin pedir un préstamo al banco”, asegura.

5 comentarios en «Canción Animal: El disco detrás de la caída y resurrección de Baltazar Vinyl»

  1. Magnífica historia de verdad no sabia todo lo que había pasado para que llegara a conocer esta tienda física con un sorprendente ambiente con el cual te sientes en casa, nada que decir he visitado varias tiendas de vinilos las cuales hacen lo que dice el nombre vender vinilos pero esta es completamente diferente ya que te vende una experiencia, te escuchan, te enseñan, se comparten gustos y lo mejor de todo es la buena vibra que hay que ni si quiera sientes que estas comprando algo si no que te estas llevando algo que te pertenece 😉

    1. Muchas gracias por el comentario, Bryan. En verdad Baltazar ers una gran persona y levantó una disquería muy especial que marca la diferencia.
      Un abrazo!

  2. Pingback: Surcos ocultos: 10 disquerías y sitios alternativos donde comprar vinilos en Santiago

  3. Es una muy buena tienda, de verdad el ambiente es muy bueno cuando uno va, además de que tiene discos que no están en todos lados. Buena historia y espero siga creciendo como todo el mundo del vinilo. Si solo pudiese hacer una sugerencia, es que ojalá los precios fuesen más competitivos ya que están muy por sobre otras tiendas del mismo Providencia o más aún con las del Persa.

  4. ‘El temblor’, sн, sentн que habнa dado con algo que creнa que nunca iba a poder mejorar. Era lo mбximo dentro de lo que yo podнa hacer, considerando que el principal sentido de todo lo que escribo y compongo aspira a producir un disparo de imaginaciуn. Me gusta la canciуn perfecta no porque sea tйcnicamente perfecta, sino porque inaugura algo o fue a fondo. ‘Yesterday’ puede ser una canciуn perfecta desde el punto de vista masivo, pero no inaugura nada. Yo pienso en discos: Doble vida podrнa grabarlo de nuevo y Canciуn animal cierra asн como estб. Nunca fui muy prolнfico y reciйn con Canciуn animal me empezaron a salir canciones con menos trabas. Antes me costaba mucho considerarme un compositor. Lo hice porque no habнa alrededor nadie que lo hiciera. Yo habнa compuesto canciones para las chicas que me dejaban, y de repente me encontrй con que tenнa que componer todo un disco. De a poco fui entendiendo lo que era componer y lo que era SADAIC, porque la mayorнa de los grupos se separan por SADAIC: alguien tiene que componer, y eso es un trabajo que insume muchas horas y es difнcil que otro lo reconozca en la medida en que uno quiere. Y si tuve que componer canciones porque nadie lo hacнa, imaginate escribir. Spinetta fue un tipo al que yo consideraba notable, aun cuando no entendнa un carajo: cuando йl repitiу el alba cuarenta veces en un disco yo me di cuenta de lo importante que era la sonoridad de las palabras. Uno podнa apropiarse de ciertas palabras y conformar un universo pequeсo. Y lo conseguн”.

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