Los 5 vinilos chilenos más buscados

Lo que partió como una base de datos en línea para ordenar la extensa colección de un DJ estadounidense, es hoy por hoy la enciclopedia más grande sobre música editada en vinilo. En Discogs hay tal cantidad de datos, que con una simple combinación de filtros, podemos saber cuáles son los discos de artistas chilenos/as editados en vinilo más buscados por las y los usuarios de esta plataforma. Advertimos que este es un ránking tan efímero que cuando terminen de leer, de seguro ya estará desactualizado: nadie puede vaticinar qué artista se pondrá de moda, qué nueva gema escondida será agregada a la base de datos o cuántas personas en el mundo descubrieron, de pronto, que existían Los Jaivas o Congregación.

1- Los Ángeles Negros – “Y volveré” (1970 – Odeon)

Portada original de un clásico de la música popular latinoamericana.

Los Ángeles Negros es, probablemente, la agrupación chilena que más se escuchó (y escucha) en el continente. No es raro oírla en un bus en Guanajuato, en una picantería en Lima o en el mercado de Guatemala City. Los Ángeles Negros son patrimonio latinoamericano. Por lo mismo, no es una sorpresa que su segundo disco se alce como el vinilo más buscado por la comunidad de Discogs. Un disco que no podría ser considerado ni rock, ni pop, ni balada, ni psicodelia. Un disco que podría ser todo eso junto y a la vez no. Un disco capital que define un estilo tan chileno y a la vez tan latino: “música cebolla”. Orgullosamente cebolla.

Los oriundos de San Carlos (antigua Región del Bío Bío, actual Región de Ñuble), firmaron tempranamente un disco tan lleno de clásicos, que el paso del tiempo disfraza de un grandes éxitos. Este es el disco de “Como quisiera decirte”, “Mi niña”, “Y volveré”, “Murió la flor” y “El rey y yo”. Hablamos de palabras mayores. Cada pista devela esa mezcla estilística tan propia de la banda: el pulso funky del bajo de Nano Concha, la devoción por The Beatles de Mario Gutiérrez y las ganas (y talento) de Germaín de la Fuente por ser el mejor baladista de la música en español. No es de extrañar que los sonidos de Los Ángeles Negros hayan cautivado a íconos del eclecticismo como los Beastie Boys que en 1998 samplearon “El rey y yo” en su tema “The Move”, segundo corte del a esta altura clásico “Hello Nasty”.

“Y volveré” no ha sido reeditado oficialmente en vinilo, pero no es una pieza tan difícil de encontrar en el mercado.

2- Aguaturbia – Aguaturbia (1970 – Arena Producciones)

La portada de la polémica. Reedición de Essex Records (2015).

– ¿Desnudos? – preguntó Camilo Fernández, productor discográfico y dueño del sello Arena.
– Sí. Yo sé que nuestro tipo de música no es comercial – explicó Carlos Corales, guitarrista y fundador de Aguaturbia- pero con una foto de nosotros desnudos, y en la portada, te aseguro que el disco se va a vender.
– Pero…
– Así como John y Yoko hicieron en “Two Virgins”, pero con todos nosotros.
– Ya. Hagámoslo.

En este diálogo reproducido por Gonzalo Planet en el imprescindible “Se oyen los pasos” (Cápsula Libros 2007), está el origen de una de las portadas más icónicas del rock chileno: el debut de Aguaturbia. La instantánea tomada por Roberto Carvajal –a esa altura ex integrante de Los Larks– mostraba a Carlos Corales, Willy Cavada (batería), y Ricardo Briones (bajista) desnudos, sí, pero sin mostrar más que rodillas y algo de caderas. El que la portada de este oscurísimo disco de psicodelia chilena fuera el centro de la polémica en 1970 fue que la vocalista de la banda, Climene Solís Puleghini, más conocida como Denise, exhibiera (disimuladamente) sus pezones, al igual que el resto de sus compañeros. A las pocas horas de ser publicado, el disco ya era portada de uno de los medios más conservadores del Chile de ayer (y de hoy), La Segunda, que acompañaba la foto con la siguiente bajada: “La carrera promocional para la venta de discos ha producido casos extremos”. Extremas también fueron las constantes ofensas hacia Denise, quien experimentó duramente lo que era ser la única mujer protagonista en esa incipiente escena del rock chileno.

Pero que el debut de Aguaturbia sea el segundo vinilo chileno más buscado por la comunidad de Discogs no se debe sólo al fetiche de una portada que hoy resulta casi inocente, sino a la enorme calidad musical de un cuarteto en plena forma. Grabado en apenas tres días, “Aguaturbia” es un disco que devela la enorme experiencia y calidad de sus músicos quienes pese a su corta edad (Corales rondaba los 23 años), echaban mano a su largo recorrido como músicos de sesión en estilos tan disímiles como el jazz, el pop dulzón de la Nueva Ola o los valses peruanos de Palmenia Pizarro. Con Jimmy Hendrix y los Jefferson Airplane como brújula, Aguaturbia se despacha sendas versiones de Tommy James & The Shondells, los ya citados Jefferson, un “Baby it`s you” que más que deberle a The Shirelles o a The Beatles se emparenta con la versión de los olvidados Smith, o un “Rollin’ And Tumblin’” que no tiene nada que envidiar a las numerosas versiones que se hicieron en los 60’s de este clásico de Muddy Waters como las de Cream, Johnny Winter y Canned Heat. Brillan con luz propia los dos temas originales firmados por Corales y Cavada: la lúbrica “Erótica” y la demoledora “Ah ah ah”. Oro sólido.

“Aguaturbia” ha sido reeditado en vinilo por Lion Productions (2010), Essex Records (2015) y existe una reedición de un sello que desconozco que rescata exactamente el mismo arte del sello Arena, incluidas las etiquetas del vinilo.

3- Aguaturbia – Volumen 2 (1970 – Arena Producciones)

Igual de polémica que su predecesora, esta carátula no mostraba desnudos, pero el uso de la cruz le significó una censura que descatalogó rápidamente esta obra maestra.

Apenas diez meses después de su bullado y exitoso debut, Aguaturbia edita “Volumen 2” que al igual que su predecesor, se sostuvo en dos pilares: el escándalo y la incuestionable calidad musical de la banda. La polémica de la portada de “Aguaturbia” tuvo en Denise a su principal blanco. El ataque de puritanismo, “machismo e ignorancia” (como cantaba en la última pista de su segundo disco) fue la inspiración para ser retratada en la portada de «Volumen 2» como un Cristo sacrificado, agonizante y cargado de erotismo; una imagen que hacía que la foto de la banda compartiendo desnudos en la portada de su debut, fuera lo más parecido a una instantánea de cumpleaños familiar. Pese a que esta vez tomaron resguardos para no “mostrar” nada (la idea era que Denise volviera a aparecer desnuda), el disco fue censurado y retirado de circulación muy rápidamente por el uso de un elemento tan fuertemente religioso. Hoy una copia original de «Volumen 2» se transa en más de 6 mil dólares.

Al igual que su debut, este disco es más que una (hermosa) portada. Antes de que la banda entrara al estudio a registrar Aguaturbia, Carlos Corales realizó un viaje a Estados Unidos para adquirir amplificadores, guitarras, efectos y todo lo que pudiera necesitar para hacer un disco profesional y a la altura de sus expectativas. En la estadía aprovechó de ver en vivo a The Who, Hendrix, Jeff Beck, Humble Pie, Led Zeppelin… Corales comprendió que lo que hacían estas bandas era posible de replicar y que lo más importante ya lo tenían: el talento.

En Volumen 2 la experimentación sonora de Aguaturbia se amplió. Siguieron con las versiones, esta vez de Grand Funk Railroad (“Heartbreaker”), Blind Faith («Well…all right», original de Buddy Holly) y una personalísima versión del “Rock de la cárcel” de Elvis. Lo mejor del disco se concentra en los 3 temas originales firmados por Corales y Luis Beltrán, músico amigo de la banda que, como cuenta Fabio Salas en “Aguaturbia. Una banda chilena de rock” (Bravo y Allende Editores, 2006), solía abrir los conciertos de los santiaguinos vestido completamente de blanco y acompañado únicamente por su sitar. La primera composición original es “Waterfall” con ese riff incesantemente repetido, pero que logra ensamblarse a la perfección con los distintos estados de una canción que alcanza el clímax con las intervenciones vocales de Denise. La segunda es, probablemente, el mayor logro musical de Aguaturbia. Más que una canción de rock al uso,  “Evol” es una suite. Sus distintos movimientos transitan por la furia, la calma, la tensión, la liberación… El trío instrumental suena absolutamente compenetrado, mientras Denise repite la frase “Everybody making love” cual mantra logrando lo mismo que compañeros de generación hacían en sus bandas, como el caso de Damo Suzuki en Can: la voz no era ni acompañamiento ni protagonista, era un instrumento más. Una cuerda del bajo, un tambor, un riff. Pese al erotismo explícito de su letra, esta vez Denise no emulaba los gemidos orgásmicos de “Erótica”, si no que emitía un espectral sonido de ultratumba que no sólo evidenciaba sus dotes vocales, sino que además proporcionaba a la canción un aire embrujado, una especie de aquelarre sonoro.

Cierra el disco “Aguaturbia”, un manifiesto escrito en español firmado por Luis Beltrán y diferente al resto de su repertorio clásico, donde Denise y Corales denuncian los prejuicios, la violencia, el machismo y la homofobia de una sociedad que no estaba (¿lo está?) preparada para aceptar lo distinto. Ese ambiente de intolerancia gatilla el autoexilio de Aguaturbia en Nueva York donde se pone fin a la banda, y sus supervivientes se reencarnarían en una banda de corta vida llamada Sun.

“Volumen 2” ha sido reeditado en vinilo por Mezcal (1991), Essex Records (1992 y 2015), Lion Productions (2010), y una que otra edición pirata.

4- Víctor Jara  – El derecho de vivir en paz  (1971 – DICAP)

La inmortal imagen de Víctor tomada por Antonio Larrea. Ojo con lo minimalista de la propuesta en la que la portada no llevaba el nombre ni del disco ni de su autor.

Hay cierto consenso entre expertos/as de que el sexto álbum de Víctor Jara no es el mejor de su discografía en términos musicales y compositivos, pero sí se ha perpetuado como el más icónico y popular. Esto se debe a que el segundo álbum de Jara editado bajo el sello de las Juventudes Comunistas de Chile, la Discoteca del Cantar Popular (DICAP), capturó mejor que nadie el espíritu de la época: convulsión política, experimentación, militancia, beligerancia y esperanza. Una infinita esperanza concentrada en aquel himno que da título al disco. Y claro, también ha trascendido por ser el disco en el que el nacido en San Ignacio abrazó el rock.

En 1969 Víctor Jara, quien además tenía un activa carrera en el teatro chileno, se encontraba trabajando en su siguiente obra, el musical Viet Rock, original de la norteamericana Megan Terry, pieza que al director teatral le interesaba particularmente por su alegato frontal y sin anestesia a la intervención militar estadounidense en Vietnam.  Joan Turner, coreógrafa de la obra y esposa de Jara, contó en una entrevista publicada por el blog Palabra Callejera que “Víctor era un gran coreógrafo, y se movía en la acción en toda la sala, y eso digamos es el espíritu rock, yo creo que es el espíritu rock que se produjo ahí». Sí, pero también el autor de “El cigarrito” fue uno de los pocos estandartes de la Nueva Canción Chilena que mostró apertura hacia bandas provenientes de un género musical constantemente atacado tanto desde la derecha (marihuaneros, delincuentes, satánicos) como por el progresismo (imperialistas, apátridas, raros). Una de esas bandas que Víctor seguía y admiraba eran Los Blops a quienes invitó a participar de una nueva canción que estaba íntimamente relacionada con Viet Rock; una canción dedicada al líder comunista Hồ Chí Minh y a una lucha que se desarrollaba a un océano de distancia, pero que a consecuencia de los trágicos acontecimientos que esperaban a Chile (y al propio Jara), se convirtió en el himno definitivo de la lucha por la libertad.

En “El derecho de vivir en paz”, canción que abre el LP,  el teclado y la guitarra eléctrica aportadas por Los Blops tienen un protagonismo único dentro del repertorio clásico del folclore chileno. Sólo otros díscolos como los hermanos Ángel e Isabel Parra, ya habían dado al rock un rol estelar en la facción más tradicional de la Nueva Canción: Ángel (quien también tiene parte en el primer track del disco) en sus “Canciones funcionales”, con la guitarra del también Blop Julio Villalobos; e Isabel en “La compañera rescatable” de su disco de 1971 “De aquí y de allá”, donde se acompañó de Los Jaivas, blanco favorito de la más virulenta prensa de izquierda y de derecha.

Los Blops repiten en “Abre la ventana”, una canción con un espíritu de free folk que transcurre por distintos estados, todos unidos por la voz de Víctor. La misma voz que está completamente ausente del tercer corte, “Charagua” (con acompañamiento de Inti Illimani), el que junto al “El derecho…”, probablemente sean las canciones más universales y emblemáticas del disco. Otro invitado estelar del álbum es el discípulo de Aaron Copland, el peruano Celso Garrido Lecca, un artista proveniente del género contemporáneo docto quien aporta sus ideas musicales en “Vamos por ancho camino” (una de las mejores pistas del disco) y “B.R.P”. El resto del álbum, son canciones que se emparentan más con la producción anterior del cantautor que con los sonidos explorados en las canciones que habrían el disco. Entre ellas destaca la grabación de un antiguo tema de 1969 con el que Jara ganó el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, la inmortal “Plegaria a un labrador”.

Folclore psicodélico.

Su incontestable inicio (el encadenamiento de sus tres primeros tracks debe ser el mejor comienzo en la historia discográfica chilena), sumado a un icónico diseño gráfico a cargo de Antonio Larrea con un retrato en alto contraste de Víctor fumando y con una portada interior que dialogaba con la psicodelia hippie, son tan impactantes que hacen pensar que “El derecho de vivir en paz” es el disco experimental de Víctor Jara. Tendría que pasar un año más para conocer cómo el cantautor realmente expandiría los alcances de un disco tradicional con “La Población” (1972), obra cumbre que nos devela un camino hacia una madurez y complejidad artística que su horrible asesinato en septiembre de 1973 nos privó de ver en su totalidad. 

“El derecho de vivir en paz” es uno de los discos chilenos con más reediciones en el extranjero (se contabilizan al menos 24). La última reedición oficial es la de la Fundación Víctor Jara que cuenta con un rescate del arte original de Antonio Larrea quien, personalmente, realizó mejoras gráficas a elementos que en 1971 eran imposible de controlar con los escasos recursos técnicos disponibles. Se agrega además un sobre interior con fotografías inéditas y reflexiones del diseñador.

5- Manduka  – Manduka  (1972, IRT)

El debut de un eterno extranjero.

Es difícil imaginar la trascendencia e impacto de la Nueva Canción Chilena sin el exilio. Inti Illimani y Payo Grondona en Italia, Eduardo Guzmán de Quelentaro en Argentina, Osvaldo “Gitano” Rodríguez en la ex Checoslovaquia y la gran colonia artística chilena que recayó en Francia, liderados por Quilapayún y los hermanos Parra, pero que además contaba, entre otros, con Patricio Manns (luego de fructíferos años en Cuba) y Héctor Pavez, quien muere en ese país sin volver jamás a su tierra. En algún momento, antes del golpe de Estado de 1973, fue Chile el que cumplió el rol de patria acogedora para una serie de artistas que escapaban de las dictaduras que comenzaban a instalarse en el continente. Era algo obvio, llegaban a un país modelo, una nación ejemplar, la única en todo el mundo que abrazaba al socialismo por la vía democrática. Uno de esos artistas fue Alexandre Manuel Thiago de Mello, un brasileño de 18 años, que dejaría una fina, pero imborrable huella bajo el alias de Manduka.

Fue Julio Numhauser –en ese entonces integrante de Amerindios y director artístico del sello IRT–  quien ofreció a Manduka la grabación de su primer álbum. Conocía de antes al joven talento: Alexandre Manuel era hijo del el poeta Thiago de Mello, poeta brasileño que tenía una estrecha relación con Chile por su amistad con Pablo Neruda y sus viajes diplomáticos en los que tantas veces lo acompañó su hijo adolescente. Manduka entró al estudio con, lo que la perspectiva del tiempo, permite definir como una banda de acompañamiento soñada: la cantautora venezolana Soledad Bravo (voz), Patricio Castillo de Amerindios y Quilapayún (charango y flauta), Baltasar Villaseca de Congregación (guitarra), Julio Numhauser de Amerindios (armónica) y Gabriel (tumbadora) y Eduardo Parra (bongó) de Los Jaivas.

Con un repertorio en portugués y español, el debut de Manduka es un poderoso y emotivo ejercicio de free folk; a ratos melancólico como buen disco de exilio (Yo, que de los hijos tuyos / Vine a quererte demasiado canta en “Patria amada, idolatrada, Salve” y Yo no sé cuáles son los ríos / Que van tranquilos hasta el mar / Pero mi viaje no se apura / Siempre me gustó navegar susurra en la hermosa “De un extranjero”); a ratos tierno como en el tradicional peruano “Naranjita”; también eufórico en la intraducible (y libre) samba “Oticumana”; y claro, rabioso y denunciante como en “Brasil 1950” su manifiesto en contra de la colonización portuguesa, que es también una metáfora a la segunda invasión a su patria a manos de los Estados Unidos con su Plan Cóndor y el apoyo irrestricto a la dictadura brasileña. Cierra el disco una de las mejores versiones que se han hecho de Violeta Parra, un demoledora “Qué dirá el santo padre” con Eduardo y Gabriel Parra sacando fuego a las percusiones.

Tres años más tarde, en un nuevo exilio tras el golpe de Estado chileno, Manduka se volvería a encontrar con Eduardo y Gabriel y el resto de Los Jaivas en Zárate, Argentina. Allí grabarían “Los sueños de América” (que saldría recién editado en 1979), el conjunto de canciones e improvisaciones que fueron el resultado de lo que ellos mismos bautizaron como el “Primer Encuentro Latinoamericano de la Soledad”. Este es uno de los más importantes documentos sonoros (y espirituales) de la canción sudamericana de los años 70 que sólo dios sabrá por qué aún no está entre los 5 vinilos más buscados de la música chilena en Discogs.

“Manduka” fue reeditado en vinilo en 2017 por el sello italiano Ascensionale en sólo 250 copias. 

Siguen a estos cinco en la lista de más buscados:

6- Los Jaivas –Alturas de Macchu Picchu (SYM Producciones, 1981)
7- Violeta Parra – Las últimas composiciones de Violeta Parra (RCA Víctor, 1966)
8- Los Jaivas – Los Jaivas (IRT, 1972)
9- El Combo Xingú – Xingú (IRT, 1972)
10- Congregación- Congregación Viene (IRT, 1972)
11- Aquila – Aquila (Alba, 1974)
12- Víctor Jara – Pongo en tus manos abiertas (Jota Jota, 1969)
13- Víctor Jara – La Población (DICAP, 1972)
14- Los Jaivas – Los Jaivas (Independiente, 1971)
15- Víctor Jara – Canto Libre (Odeon, 1970)

4 pensamientos en “Los 5 vinilos chilenos más buscados”

  1. Interesante saber que poseo 5 vinilos de los 15 nombrados, unas verdaderas joyas.. los cuido como tesoro..
    Aguaturbia vol2
    Victor jara » el derecho a vivir en paz», » pongo en tus manos abiertas » ambos Dicap
    El vinilo del 66 de la Violeta
    El Combo Xingu
    saludos

  2. 8 de los 15, nada de mal y la cuenta puede quedar 10 de 15, faltando solo el Volantin, Aguaturbia 1 y 2, que son muy cotizados, más los Jaivas con Alturas de Machu Pichu sello SYM y Aquila.

  3. No concuerdo , el Vinilo de Manduka Musicalmente es un Bobrio ! Antes de la Moda del Vinilo por el año 2000 podias conseguirlo facil a precio de huevo por ser un disco muy poco conocido ! En cambio Vinilos de Los Macs , Blue Splendor , Congregacion, Los Chileneros siempre fueron escasos y Musicalmente mas Relevantes

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